Por Arturo Ruiz
Las cosas ya no son lo que eran. La internet lo cambió todo y la política no está ajena a este cambio. Ha surgido el tecno-populismo. A diferencia del populismo de siglos anteriores, no hablamos aquí de un mero enfoque o estrategia política, sino que hablamos de la naturaleza misma de un movimiento o partido político. El populismo del siglo pasado se definía como «programa político o movimiento que defiende, o afirma defender, a la persona común, generalmente en contraste favorable con una élite o establishment real o percibido. El populismo generalmente combina elementos de izquierda y derecha, oponiéndose a los intereses financieros y de las grandes empresas, pero también siendo hostil a los partidos liberales, socialistas y laboristas establecidos.» (Munro, 2025)
Muchos movimientos populistas acabaron transformándose en gobierno, algunos por breve tiempo y otros por décadas, como el peronismo en la Argentina. El tecno-populismo en cambio difiere del anterior, ya que no se trata de un mero enfoque, sino de un movimiento que efectivamente puede nacer de las bases gracias a las plataformas de Internet. Dos ejemplos recientes son el movimiento Occupy Wall Street y el Tea Party de 2010. El primero apoyó en sus inicios a Bernie Sanders y el segundo estuvo liderado por un breve período por Sarah Palin. Sorprendentemente, ambos movimientos se unieron en el movimiento MAGA que secunda a Donald Trump. Dan fe de esto Joe Rogan y Tim Pool, quienes en su momento apoyaron el movimiento Occupy y que terminaron uniéndose a la candidatura de Trump. Este salto desde la izquierda hacia la derecha se justificó porque, en muchos lugares de occidente, así como también en Chile, la izquierda abandonó la defensa de la clase trabajadora por la defensa de las minorías y el feminismo, lo que hizo que gran parte de las bases de la izquierda se pasaran a una nueva derecha que sí defendía sus intereses. La clase trabajadora no quería ya un cambio revolucionario, sino simplemente una estabilidad política y económica que le permitiera trabajar, prosperar y sostener o formar a sus familias. Dado este movimiento hacia la derecha, algunos autores se han referido al tecno-populismo como «tecno-fascismo» (Chayka, 2025), pero para nosotros, esto no es más que una denuncia propagandística que no tiene base alguna, por lo que no profundizaremos en ello.
Salvo por algunos períodos concretos, los partidos de derecha habían sido en Chile partidos de cuadros y, si bien por un breve período existieron fenómenos como la UDI popular, esto no significó movilidad desde las bases a las cúpulas de estos partidos. Los movimientos o partidos tecno-populistas incluso difieren de los partidos de masas del siglo pasado. Las nuevas plataformas permiten el surgimiento de líderes ajenos a las élites dominantes. Un claro ejemplo de esto es Johannes Kaiser, quien llegó a ser diputado desde YouTube y el PDG de Franco Parisi que surge de redes sociales, aunque este último se ha debilitado debido a su ausencia de coherencia doctrinaria y a que su líder no había vuelto a pisar el país hasta hace poco.
Kaiser primero se integró al Partido Republicano, pero terminó formando su propio partido debido a la gran diferencia respecto del segundo proceso constituyente. En un primer momento, el diputado quiso acatar la decisión del Republicano, sin embargo, finalmente siguió su propio instinto. Esto, sin embargo, ocurrió en gran medida por la presión de su base. El Partido Republicano es el heredero de la UDI y existe dado que este último partido en algún momento perdió su norte. Kaiser era un animal distinto, por lo que su partido también lo es. Esto puede apreciarse en que las bases del Partido Nacional Libertario no corresponden a lo que había sido en Chile la derecha tradicional, sino que están compuestas más bien por personas de la clase trabajadora.
El partido de Johannes Kaiser es un partido tecno-populista. Esto lo hace extremadamente dinámico: no en vano se transformó en una gran fuerza política en un tiempo récord. Es un partido en el que, al menos sus miembros fundadores y más participativos, son extremadamente activos y comprometidos, mientras que otros se unieron simplemente por su descontento con el octubrismo que llevó al poder al actual gobierno y no querían más que una nueva alternativa. En un conglomerado de esta índole, es muy fácil que surjan nuevos liderazgos. Siendo de derecha, era predecible que el partido atrajera a figuras de Chile Vamos descontentas con la desperfilación doctrinaria de la alianza. Los partidos de Chile Vamos se habían transformado ya en partidos de cuadros, en los que acuerdos de damas y caballeros definían las posturas del conglomerado; cosa que incluso sucedió durante el breve período en que fueron partidos de masas. El partido de Kaiser, sin embargo, surge de un movimiento tecno-populista, lo que lo hace muy diferente de los partidos de derecha anteriores. Aquí, partiendo por el presidente del partido, los liderazgos surgen de las bases, por lo que cualquier intento de introducir liderazgos artificiales está destinado al fracaso. El solo ascenso del partido demuestra la utilidad y eficiencia del tecno-populismo, pero, a diferencia del populismo del siglo pasado, el tecno-populismo no es una mera postura o estrategia, sino que es el origen y la naturaleza misma de estos movimientos. La internet permite que sus líderes surjan sin necesidad de apoyos financieros específicos, ya que conectarse a las distintas plataformas sólo requiere de un computador o incluso de un mero teléfono. Las bases de un movimiento tecno-populista están informadas, en algunos casos malinformadas o desinformadas, pero poseen una convicción y una capacidad de convocatoria que dependerá del carisma de la persona que se expresa, más que de cualquier otra cosa. Es por esto por lo que es muy difícil introducir un liderazgo artificial.
Como todo, este cambio implica ventajas y desventajas, pero no es posible volver atrás. Las condiciones son las que son. Un movimiento tecno-populista de cualquier índole desaparecerá si sus bases se decepcionan de él. Los antiguos cuadros de los antiguos partidos deben adaptarse a una realidad nueva. Si lo hacen, serán los dueños del futuro, si no, serán reemplazados por nuevos movimientos. Me gustaría terminar esta columna con una reflexión obvia, pero necesaria: nos metimos en política por el bien de Chile y esto debiera estar por encima de cualquier otra consideración.
Munro, A. “Populism”, Enciclopaedia Britannica, 2025, https://www.britannica.com/topic/nationalism accesado el 26 de agosto de 2025.
Chayka, K. “Techno-Fascism Comes to America”, The New Yorker, 26 de febrero de 2025, https://www.newyorker.com/culture/infinite-scroll/techno-fascism-comes-to-america-elon-musk accesado el 26 de agosto de 2025.
