Luis Alfonso Herrera – Dr. en Derecho, académico, escritor y fellow del Mises Cono Sur
Se advierten varias confusiones sobre lo que ocurre en Venezuela desde el 03.01.26, que urge superar. No se extrajo a un presidente, ni se depuso al gobierno, menos aún se “invadió” un Estado soberano. No quedó una “vicepresidenta” al mando del gobierno, pues ella y el extraído son usurpadores del poder. No hubo violación del derecho internacional, pues un Estado no “atacó” a otro Estado, y en todo caso ese derecho ha sido tan burocrático como inútil en el caso venezolano desde 2002. Respecto de los Estados Unidos, es un error sostener que actúa como pirata al incautar el petróleo que comercia el chavismo, pues es parte de la misma acción defensiva que justifica la extracción, sin perjuicio de las necesarias discusiones jurídicas que el hecho suscita. Tampoco es cierto que Estados Unidos esté dejando al chavismo al mando a cambio de petróleo o que ha desconocido la elección del 28.07.24, lo que sí es cierto es que aprendió de sus errores -confiar en Juan Guidó y el interinato, por ejemplo- y ha decidido actuar en atención a la realidad, principalmente reconociendo la condición criminal del chavismo.
Asimismo, son oportunas varias aclaratorias elementales. En el territorio de Venezuela opera desde los tiempos de Chávez, amigo confeso de las FARC, un conglomerado criminal, no un Estado autoritario, por lo que no existe gobierno, congreso, tribunales, contraloría, ministerio público, consejo nacional electoral, policías y militares. Ese conglomerado explota el territorio, sus recursos y a su población, y lo hace, al menos desde 2002, en acuerdo y con la protección de sus aliados extranjeros, en violación de la soberanía de los venezolanos. Edmundo González y María C- Machado, en especial esta última, sí tienen el apoyo y el reconocimiento político de los venezolanos. Lo que no tienen, y eso fue advertido por el gobierno de los Estados Unidos, es capacidad de mando y la lealtad de los grupos violentos armados (integrados por exfuncionarios que usurpan funciones, e irregulares nacionales y extranjeros) y los torturadores a sueldo que aseguran el dominio de hecho al conglomerado sobre el territorio de Venezuela.
Se debe aclarar también que los “elogios” del presidente Trump a Delcy Rodríguez han de leerse como una acción que busca molestar la unidad chavista, no legitimar y consolidar a sujetos que solo operan en la oscuridad y la antijuridicidad. La estrategia parece ser que los Estados Unidos intenta usar a los cabecillas chavistas como medios para lograr sus fines, entre otros, contener, debilitar y desactivar a los grupos armados que no aceptan, por temor a lo que les pueda pasar, la transición a la democracia. El tiempo confirmará esto, o lo desmentirá.
Por último, conviene plantear ciertas perspectivas sobre lo que ha ocurrido y puede ocurrir en el caso examinado. La acción de seguridad interna de Estados Unidos en el territorio del hoy inexistente Estado venezolano se inserta en las acciones defensivas que ese país está tomando para contener, responder y derrotar la influencia y expansión de sus rivales-enemigos de Oriente Medio y Asia en América. El escenario actual de confrontación y belicosidad es, en parte, efecto de las ineficaces políticas de los gobiernos demócratas de ese país, así como las de la Unión Europea y de los principales Estados europeos, materialistas y nihilistas por igual. En parte, también de la irresponsabilidad y en casos complicidad de gobiernos iberoamericanos con el chavismo y con esos rivales-enemigos de Estados Unidos. Ante el estado de cosas previo, los venezolanos en este momento cuentan con los Estados Unidos para, mientras éste satisface sus propios intereses, acumular la fuerza suficiente para doblegar al conglomerado criminal e iniciar una pacificación de su territorio, a sabiendas de los altos costos que tocará pagar, pues existen intereses, no amistades, obviamente.
Las prioridades en Venezuela, ahora, no son la democracia, la justicia y la legitimidad política de quienes tomen las decisiones, sino desarmar a los grupos criminales, proveer seguridad personal y jurídica, liberar a los prisioneros políticos, recuperar infraestructuras, recibir inversiones y atender la crisis social (salud, educación, salarios, etc.). La reciente reunión de Trump con María C. Machado confirma que la dirigencia civil tiene y tendrá participación, a su tiempo, quizá desde la segunda etapa anunciada por Marco Rubio. En lo inmediato, la incertidumbre y la perplejidad serán la regla en el caso de Venezuela, siendo lo único seguro que el chavismo intentará ganar tiempo, engañar y complicar las siguientes acciones. Ante esto, Estados Unidos no puede dar tregua ni confiar, sin evidencias de avances concretos y sostenidos. Mientras tanto, lo que se espera de Europa e Iberoamérica es que asuman la geopolítica actual de forma realista y no ideológica, y que apoyen con sentido crítico y propositivo la única opción que, en el presente, puede devolver la libertad a Venezuela, en lugar de rumiar odios hacia los EEUU.
